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 Violencia Intrafamiliar
 
Introducción
 

De acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría, APA, (1994) la violencia intrafamiliar se define como un “patrón de comportamientos abusivos, incluyendo un gran parámetro de maltrato físico, sexual y psicológico usado por una persona en una relación íntima contra otra para ganar poder injustamente o mantener el mal uso del poder, control y autoridad”.

Sus consecuencias son importantes tanto para las víctimas como para la familia y la comunidad, que algunas veces la permite o la facilita a pesar de la existencia de leyes y convenios internacionales que las prohiben.

En 1996 en Colombia, la ley 294 decretó que la violencia en la familia sería prevenida, corregida y sancionada por las autoridades públicas y se le daría una “oportuna y eficaz protección especial a aquellas personas que en el contexto de una familia sean o puedan llegar a ser víctimas, en cualquier forma, de daño físico o psíquico, amenaza, maltrato, agravio, ofensa, tortura o ultraje, por causa del comportamiento de otro integrante de la unidad familiar”.

La Ley 294 establece varios tipos penales contra la armonía y la unidad familiar. Contra la violencia intrafamiliar, el maltrato físico, psíquico o sexual contra un miembro de la unidad familiar, contempla una pena de 1 a 2 años de cárcel.

La Ley 294 de 1996 fue modificada y su reforma sancionada en febrero del año 2000, a través de la Ley 575 (República de Colombia, 2000). Esta Ley introduce, entre otras, que las competencias deben asegurar el fin inmediato del maltrato o la agresión que sufre la víctima, citando de forma inmediata al agresor a una audiencia de conciliación. De no presentarse, la víctima recibirá orientación sobre las autoridades competentes para imponer las medidas de protección. A diferencia de la Ley 294, la reforma exige que se reciba la petición de forma inmediata y se dicte dentro de las cuatro horas hábiles siguientes.

Además, el denuncio de hechos de violencia intrafamiliar se formula en esta nueva Ley como una responsabilidad de la comunidad, y específicamente de los vecinos, quienes tendrían la obligación de acudir a la Comisaría apenas identifiquen el caso. Este aparte es particularmente importante en la medida en que reconoce el potencial de la comunidad como instrumento de control social.

Existen diferentes tipos de agresión dentro de la familia: las agresiones físicas leves, menores y severas, las agresiones verbales y emocionales, las agresiones sexuales y la negligencia:

Las agresiones físicas leves o menores se refieren a: empujar, romper objetos contra el piso o las paredes, patear objetos, golpear al otro con la palma de la mano, bloquear con el cuerpo la salida del cuarto para impedir la salida de la otra persona o conducir agresivamente para intimidar a la pareja.

Las agresiones físicas moderadas se refieren a los casos en los que el agresor deja “morados” u otras marcas temporales, dolor o molestia emocional por un periodo de 48 horas o más, pero no se requiere de tratamiento profesional. Esto incluye los intentos o acciones como: patadas, mordidas, puños y tirar objetos contra el otro.

Las agresiones físicas severas se definen como perturbaciones a largo término de las capacidades físicas que necesitan de intervención o tratamiento médico. Esto incluye las golpizas, el intento o el uso de objetos cortopunzantes o de armas de fuego, las heridas abiertas y huesos rotos.

La agresión sexual entre cónyuges o con los niños se refiere a la imposición o el intento de tener relaciones sexuales o cualquier acto sexual contra la voluntad del otro e incluye: los actos o prácticas sexuales contra la voluntad del otro, cuando el otro no está en sus cinco sentidos o cuando tiene miedo de negarse; lastimar físicamente a la pareja durante el acto sexual o forzarla a tener relaciones sexuales sin protección contra embarazo y/o enfermedades de transmisión sexual; acusar falsamente a la pareja de actividades sexuales con otras personas; obligar a la pareja o a los niños a ver películas o revistas pornográficas; forzar a la pareja o los niños a observar al agresor mientras éste tiene relaciones sexuales”.

Las agresiones verbales y emocionales incluyen insultar a la pareja o a los niños, poner apodos, gritar, humillar. El maltrato emocional incluye aislar físicamente a la persona o impedirle que se comunique con otros, quemar, esconder o destruir su ropa o sus objetos personales, amenazar con daño, ridiculizar y criticar continuamente, prohibir a la pareja que trabaje, controlar su dinero, tomar todas las decisiones sin contar con el otro, castigar a los hijos para manipular a la pareja, amenazarla con quitarle a los niños o secuestrarlos si hay separación, abusar, torturar o matar a las mascotas de la casa para castigar a la pareja o a los niños, manipular con mentiras y contradicciones, asustar con miradas, gestos o acciones (intimidación), hacer sentir a la pareja que tiene problemas mentales (locura) y minimizar, negar o culpar del abuso a la pareja.

La negligencia se refiere a la no atención o a la omisión por parte de la persona responsable del desarrollo del niño en todas las esferas, salud, educación, desarrollo emocional, nutrición, alojamiento y condiciones seguras de vida, en un contexto de recursos razonablemente disponibles para la familia o los responsables, que causa o tiene altas probabiliades de causar daño físico, mental, espiritual, moral o de desarrollo social al niño. Esto incluye las fallas de una apropiada supervisión y protección del niño en la medida en que es posible hacerlo. (WHO, 1999).

 
Co-ocurrencia de maltrato infantial y consumo de sustancias psicoactivas1
 

Durante muchos años, la violencia intrafamiliar (VIF) ha hecho parte del desarrollo del ser humano, quien ha venido evolucionando tanto a nivel cerebral como a nivel cultural. En la antigüedad, el maltrato físico era normalmente aceptado y tomado como un mecanismo para educar.

Hoy en día, en Colombia, el maltrato hacia cualquier miembro de la familia es penalizado y tomado como un crimen, como lo dice la ley de los ojos morados (Ley 882 de 2004), con la que se busca, además de reprender, educar a las personas e invitarlas a hacer una 'alfabetización emocional' para mejorar nuestra sociedad.

Durante los últimos años, se han realizado muchas investigaciones acerca de la relación entre consumo de sustancias psicoactivas (SPA) en padres de familia y el maltrato infantil. Según la investigación realizada por Chasnoff (1988), en New York, se encontró que el 50% de casos de maltrato infantil esta relacionado con el abuso del consumo de SPA, especialmente alcohol. El 66% de los niños que crecieron en hogares donde los problemas de alcoholismo estaban presentes, fueron víctimas de maltrato físico o presenciaron escenas de violencia intrafamiliar, mientras que el 26% fueron victimas de abuso sexual. En el resto de Estados Unidos, según esta misma investigación, el 11% de las mujeres en estado de embarazo, consumen drogas o alcohol. Desde 1987 al 2001, la tasas reportadas del consumo de alcohol relacionadas con el maltrato, han variado de un 25% a un 84%, lo que indica una de dos posibilidades: que hoy en día el número de niños y niñas en alto riesgo de maltrato es mayor a la de hace 17 años y que probablemente sus padres fueron los niños que recibieron maltrato de cualquier índole; o que el cambio de percepción sobre el tema ha llevado a que se incremente notablemente el número de reportes sobre estos casos.

En Colombia el panorama es poco alentador. Según la Secretaria de Salud de Bogotá, en 1991 el 40% de los casos de maltrato infantil reportados, tienen una relación directa con el consumo de alcohol o cualquier otra SPA. Para hablar de casos mas recientes, en el 2003, el Instituto Nacional de Medicina Legal (INML) dictaminó 62.431 casos de Violencia Intrafamiliar (VIF) de los cuales el 61% corresponde a maltrato conyugal, el 23% a violencia entre familiares y el 16% a maltrato infantil, 2548 casos menos que en el 2002. Se espera que los casos de VIF hayan disminuido y no que los casos reportados se hayan reducido.

Con el fin de entender la problemática de la co-ocurrencia de comportamientos violentos y adictivos, Ramírez (2000) propone tres modelos de acción:

  • Co-ocurrencia directa: Cuando una conducta se da después de la otra (contingente), por ejemplo, se utilizan sustancias para delinquir. Cuando una conducta es justificada por otra (consecuente), por ejemplo, se delinque y se consume para celebrar, olvidar, etc.
  • Co-ocurrencia indirecta: Ocurre cuando el consumo de sustancias se da independiente de la conducta violenta.
  • Co-ocurrencia circular: Cuando una es pretexto de la otra.

Miller, Magin y Downs (1997) y Spatz y Hiller-Sturmoholef, sugieren tres hipótesis.

  1. La desorganización cognoscitiva, que señala que el consumo de alcohol incrementa la probabilidad de violencia, debido a que interfiere con la comunicación familiar y que lleva a que el individuo consumidor realice interpretaciones erróneas de las señales sociales, sobreestime las amenazas percibidas y subestime las consecuencias de la violencia.
  2. El rechazo de la desviación, que sugiere que el perpetrador atribuye la violencia a su consumo de alcohol y así evita o minimiza la responsabilidad personal del comportamiento violento.
  3. La desinhibición, que propone que las acciones farmacológicas del alcohol sobre el cerebro interfieren con las acciones de los centros cerebrales que controlan (inhiben) los comportamientos socialmente inaceptables.
 
Acerca del Maltrato Infantil
 

Muchos estudios realizados acerca del tema muestran que el abuso de sustancias interfiere con el funcionamiento mental de los padres, la capacidad del juicio crítico y su habilidad para cuidar y proteger a los hijos. Así mismo, el abuso de sustancias puede estar relacionado con los estilos de crianza utilizados por los padres. Algunos niños y niñas que son criados por personas adictas a las drogas incluido el alcohol, sufren traumas físicos, emocionales y psicológicos con mayor magnitud que los que crecen en hogares que no presentan esta clase de problemas. Estos niños pueden presentar sentimientos de culpa, enojo, angustia o ansiedad, vergüenza, depresión, problemas de aprendizaje, problemas de conducta delincuente como robo, vandalismo o un alto estrés sin razón aparente alguna. Otros pueden asumir el rol de padres responsables, sacar las mejores calificaciones con el fin de controlar el alcoholismo de sus padres produciendo un aislamiento de sus pares.

Volviendo a las estadísticas, el INME reportó en 2003 10.211 casos de maltrato infantil, (126 menos que en el 2002), 'El 35.1% fueron cometidos por el padre, afectando en su mayoría a niños y niñas entre 5 y 14 años de edad'. Las formas más comunes de maltrato físico son efectuadas con objetos contundentes o patadas, puños etc.

Pero el único perpetrador no son el padre o la madre. Se ha visto que otros familiares consanguíneos han entrado a jugar un papel castigador dentro de la crianza del niño, según estas estadísticas.

Padre 35%

Madre 26%

Padrastro 9%

Hermano 5%

Tío(a) 4%

Otros familiares civiles o consangíneos 21%.

En la mayoría de los casos reportados, las agresiones de los niños se presentan en la intimidad del hogar (69%), seguidas de las efectuadas en vía pública y calles (12%) y en un tercer nivel, el otras instituciones residenciales (7%).

 
Maltrato Conyugal
 

 Según reportes del INML, durante el 2003, del total de VIF, el 60% de los casos pertenecen a maltrato conyugal donde salen más afectadas las mujeres con un 88%, esto indica que por cada hombre maltratado 7 mujeres presentan esta misma situación. O por lo menos, que la proporción de reportes es 7 veces superior en las mujeres.

Las estadísticas reportan que el victimario más común es el esposo (82%), seguido del ex esposo (14%), el novio o ex novio (3%) y por último el amante o ex amante(1%).

Para terminar, en Colombia la violencia, en cualquiera de sus presentaciones, sigue haciendo parte de nuestro diario vivir. De cada uno de nosotros mismos depende que sigamos por el mismo camino o elijamos cambiar para darle a nuestro país Nuevos Rumbos.

Si desea ampliar la información puede visitar el link:

http://www.medicinalegal.gov.co/paginanewz_crnv/3-Intrafamiliar.pdf

 
1) Este es un resumen preparado por Nuevos Rumbos a partir del artículo de N.Hewitt, C.Ramírez, V.M. Ceballos, M. Soriano y S. Angel en la revista " Forensis" del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia , Año 2003, pp. 67-91.
 
Estadísticas - El Mundo - EU/ Canada - Europa - América Latina - Colombia
 
Con el objetivo de evaluar la magnitud del problema de violencia intrafamiliar, muchos países realizan estudios de victimización en el hogar, principalmente con respecta a la violencia contra las mujeres y los niños. Sin embargo, muchos de estos estudios tienen problemas de validez y confiabilidad, lo cual indica la importancia de leer los datos con precaución y no establecer la existencia de una realidad fija a partir de los mismos.
 
El Mundo
 

De acuerdo con el informe de la OPS, entre el 10% y el 69% de las mujeres ha informado haber sido físicamente agredidas por sus parejas alguna vez durante su vida.

Se calcula que alrededor de 57 000 niños fueron asesinados durante el año 2000. De estos, la mayoría tenía entre 0 y 4 años.

Aunque los datos no son exactos, se calcula que el 20% de las mujeres y entre el 5% y el 10% de los hombres fueron abusados sexualmente durante su infancia.

Las madres tienden a recurrir a los castigos físicos con más frecuencia que los padres.

 
Estados Unidos y Canadá
 

Según la Organización Mundial de la Salud, el 28% de una muestra representativa de mujeres en Estados Unidos reportó al menos un episodio de violencia física de parte de su compañero (WHO, 1997).

La Encuesta Nacional de Violencia contra las Mujeres, realizada en 1996 en Estados Unidos, estableció que el 25% de las mujeres reportaron haber sido agredidas física o sexualmente por sus compañeros alguna vez durante la convivencia, en contraste con el 7.6% de los hombres. De la misma manera, se calculó que aproximadamente 1.5 millones de mujeres y 834,732 hombres son agredidas(os) física o sexualmente por su compañero cada año en este país.

De acuerdo con datos publicados por el Departamento de Salud de los Estados Unidos cerca de 903,000 niños fueron maltratados durante el año 2001. Alrededor de 1,200 niños murieron a manos de su familia por agresiones físicas o negligencia.

En cuanto a Canadá, la Encuesta Nacional sobre Mujeres Abusadas señaló en 1994 que 3 de 10 mujeres casadas habían experimentado algún tipo de maltrato físico o sexual por parte de su compañero (Rodgers, 1994). El maltrato se presentó sobre todo en las parejas jóvenes con menos de 2 años de convivencia. De todos los casos, la policía sólo había sido alertada de la situación en el 26% de los mismos. En cuanto a abuso a menores, el estudio de incidencia de abuso a menores del 2001 reportó una tasa de 9.1 por 1000 menores.

 
Europa
 

De acuerdo con un estudio realizado en Inglaterra, el 25% de las mujeres ha sido agredida físicamente por su compañero durante la convivencia.

En Suiza y en Nueva Zelanda, los estudios estiman que el 20% de las mujeres han sido agredidas (Edición temprana de Innocenti Digest No.6 (June 200), Domestic Violence against Women and Girls, Unicef, Italia).

La Encuesta Nacional de Violencia Contra las Mujeres en Francia (ENVEFF, 2000) reportó índices de agresiones entre parejas más bajos que el resto de Europa. Según este informe, sólo el 10% de las mujeres fue víctima de agresiones por parte de su pareja en los últimos 12 meses. De éste, el 2.5% fue agredida físicamente durante el último año y el 0.9% fue agredida sexualmente (Ministère délégué a la Santé, 2001).

 
América Latina
 

De acuerdo con un estudio epidemiológico realizado en Nicaragua por Ellsberg et al. (1999), se encontró una prevalencia de maltrato del 52% entre las mujeres casadas, 70% de las cuales reportaron un tipo de violencia muy severa.

De acuerdo con el más reciente estudio realizado en Chile, aproximadamente el 26% de las mujeres reportaron haber sido golpeadas por su compañero actual (el 11% reportó al menos un episodio de violencia severa y el 15% al menos un episodio de agresiones leves o moderadas); los resultados indicaron también que una de cada tres mujeres se encuentra en una relación donde es abusada psicológica y emocionalmente (McWhiter, 1999).

En Perú, un estudio realizado en las clases media y bajas de Lima encontró que el 31% de las mujeres había sido físicamente agredida por su esposo o compañero durante los últimos 12 meses.

 
Colombia
 

De acuerdo con un reporte sobre la violencia y la salud en Colombia realizado en 1993 y publicado por la Organización Mundial de la Salud, entre el 50 y el 80% de las mujeres manifiesta haber sufrido alguna forma de maltrato (físico, sexual, psicológico) y entre el 70 y el 90% de los casos, el maltrato proviene de sus parientes más cercanos, esposos y compañeros (Londoño, 1993). Sin embargo, PROFAMILIA (Ojeda, & Ordoñez, 1995) realizó posteriormente un estudio sobre violencia doméstica en el que estableció que en Colombia el 19.3% de las mujeres han sido golpeadas (por lo menos una vez) por sus esposos o compañeros, el 33.2% ha sido insultada o humillada y el 5% forzada a tener relaciones sexuales (Ojeda & Ordoñez, 1995).

De acuerdo con el ICBF existen 30,000 niños, niñas y jóvenes en la calle.

De acuerdo con Medicina Legal, se reciben por lo menos 6,000 casos de abuso sexual de menores de 14 años por año.

 
Relación entre Violencia Doméstica y Consumo de Drogas
 

Las drogas relacionadas con la violencia son básicamente el alcohol y las pídoras para dormir, también llamadas tranquilizantes, barbitúricos, ansiolíticos y sedantes.

Con respecto al alcohol, las estadísticas muestran que más de la mitad de los agresores bebe alcohol antes de involucrarse en episodios de maltrato físico.

El uso de alcohol y la ocurrencia de violencia entre las parejas no es causal, es decir que tomar alcohol no necesariamente provoca actos violentos.

El uso de alcohol tiene dos efectos sobre la violencia intrafamiliar: primero, el uso de alcohol aumenta el riesgo de que el maltrato físico sea más severo; es decir que el empujón se convierta en una patada o la cachetada en un puño. Así, entre más alcohol, más riesgo de heridas graves. Por otra parte, se ha encontrado en otros estudios que la frecuencia de los episodios de agresiones físicas y verbales es mayor cuando hay consumo de alcohol; es decir que entre más alcohol, más golpes y más insultos.

Ahora, no sólo toman los agresores, también toman alcohol las víctimas: el alcohol es la excusa que tiene el hombre o el agresor, que también puede ser mujer, para negar que la violencia ocurrió o para decir simplemente que no se acuerda y como no se acuerda, es como si no hubiera pasado; como no hay responsabilidad ellos piensan que también es más fácil hacerse perdonar. Con respecto a las víctimas, las que han sido o viven todavía con la persona que las maltrata, utilizan muchas veces el alcohol para disminuir el dolor, el miedo o la ansiedad o como forma de afrontar el daño físico y emocional del abuso. A veces también toman por vengarse de sus parejas.

El estudio de Ratner (1998) indica que las mujeres que han sido víctimas de violencia por parte de los hombres tienen 8 veces más riesgo de ser dependientes del alcohol.

Con respecto a las píldoras, un estudio en Canadá encontró que el 40% de las mujeres maltratadas usan ansiolóticos, barbitúricos o sedantes. Estos medicamentos producen a corto plazo una disminución de la ansiedad, relajación muscular, disminuye las respuestas emocionales y el dolor e inducen el sueño. Pero a largo plazo son muy adictivas y peligrosas cuando la persona no ha ido con un médico que supervise su uso. Además, la combinación de estas píldoras con otras drogas puede ser muy peligrosa e incluso fatal, específicamente cuando se consumen barbitúricos y alcohol al mismo tiempo.

 


 

 

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