CONSUMO DE ALCOHOL EN MENORES DE 18 AÑOS EN COLOMBIA
Estudio en siete capitales y dos municipios pequeños
Augusto Pérez Gómez, Ph. D. y Orlando Scoppetta Diaz-Granados, M. Sc.
Bogotá, 2009
Conclusiones y recomendaciones

El estudio realizado en 7 capitales de Colombia y dos ciudades pequeñas con un total de 9.276 jóvenes escolarizados (1.028 la muestra menor, 1.144 la mayor) proporcionó una ingente cantidad de información, de la que solo se presenta aquí un resumen muy conciso. Este informe está destinado a todos los públicos, pero especialmente a autoridades escolares y municipales, así como a los responsables del desarrollo de políticas educativas, sanitarias y de protección de la infancia y la adolescencia.

La información recolectada permite ver que el consumo de alcohol en los menores de edad es un asunto de gran importancia en Colombia: cerca del 90% de estos jóvenes ha consumido alcohol, cerca del 70% lo hizo el último año (bebedores activos), 28% tomó alcohol en el último mes (lo que indica un consumo más frecuente) y 13% en la última semana (probables bebedores problemáticos). En conjunto, se observó una disminución de la edad de inicio, que en estudios previos estaba en 12 años; en este fue de 10 años para los hombres y 11 para las mujeres. Igualmente, se observó que 13% de los hombres y 8% de las mujeres comenzaron a consumir alcohol antes de cumplir 10 años, y las dos ciudades en donde estos fenómenos fueron más pronunciados fueron Medellín y Tunja (por encima del 20%). Si se tienen en cuenta los estudios recientes que se mencionaron en el marco teórico sobre los efectos del consumo temprano y frecuente de alcohol, sería imprescindible darle un gran impulso al trabajo preventivo con niños, adolescentes, padres y comercios en los que se venda alcohol.

El 77% de los jóvenes de este estudio o bien no toman o no toman más de seis veces al año (aun cuando es posible que muchos de estos últimos se embriaguen en algunas de esas ocasiones, o en todas); pero el 23% restante (cifra que coincide de cerca con el consumo global por mes) podría indicar una tendencia al consumo problemático: consumen todos los meses, todas las semanas, e incluso un cierto porcentaje (4%) varias veces por semana. Este último dato coincide con el proporcionado por el Fondo de Prevención Vial (2006).

En el paso entre los grados 6 y 7 se da un salto brusco en lo que a consumo de alcohol se refiere. Hay por lo menos cuatro hipótesis para tratar de explicar por qué sucede en ese momento:

  1. Aparecen plenamente las características que identifican al adolescente, y que implican explorar, experimentar cosas nuevas, tomar riesgos;
  2. El ambiente propio del colegio empuja a los jóvenes a adoptar comportamientos supuestamente adultos;
  3. El ambiente familiar, poco ejemplarizante, de padres ausentes o sin autoridad, facilita un «dejar hacer» que puede llevar a caminos equivocados;
  4. Una combinación de esas tres hipótesis en diferentes proporciones, según el colegio o la localidad.

En algunas ciudades (Medellín, Florencia, Cali y Bucaramanga) las mujeres mostraron interés por las bebidas «fuertes» (aguardiente/ron, importados): esto debe ser explorado con más detalle con el fin de ver qué porcentaje de estas mujeres tiene posteriormente problemas serios con el alcohol aunque cabe la posibilidad de que estos alcoholes fuertes sean rebajados con bebidas gaseosas, práctica frecuente en Colombia.

Contrariamente a lo que se cree usualmente, en todos los sitios de este estudio la casa del encuestado es el sitio en donde menos se adquieren bebidas alcohólicas, aunque la casa de los amigos es un lugar donde es altamente probable tener acceso a tales bebidas. Este fenómeno requiere mayor exploración puesto que probablemente esos amigos también sean menores de edad con padres de familia permisivos.

La preferencia global por la cerveza como bebida de inicio y como bebida más frecuentemente consumida se explica, probablemente, por el precio y porque tiene menos alcohol, lo cual le da mayor aceptación social a los consumos bajos. El vino es muy importante como bebida de inicio en Tunja, donde la prolongada tradición de consumo de cerveza haría presumir que esta sería de lejos la principal bebida de inicio; en realidad, la diferencia global con el vino es mínima, y en las mujeres la preferencia por el vino es manifiesta. Dado el alto consumo en mujeres, la gran disponibilidad de bebidas que se venden en el medio colombiano como «vinos» y que constituyen bebidas alcohólicas de gusto suave, podría explicarse este lugar del vino como bebida de inicio. Esto mismo podría explicar por qué (salvo en Medellín y en Florencia) el ron y el aguardiente aparecen bien por debajo de la cerveza y el vino como bebidas de inicio y de consumo frecuente.

Las preferencias por situaciones alternativas a beber son bastante estables a nivel nacional: hacer deporte para los hombres, oír música para las mujeres, son las más notables. Pero en realidad estas son sólo maneras de llenar el tiempo, pero no necesariamente verdaderas alternativas: se requiere explorar con mucho mayor detenimiento cuáles son las alternativas disponibles.

Las ciudades en donde más gusto por el alcohol se expresó fueron Medellín y Tunja; sería muy conveniente ver la relación entre ese gusto y el consumo de alcohol en la edad adulta. Igualmente, deberá examinarse la inclinación por beber solo en la adolescencia y problemas de consumo en la adultez.

Un indicador de consumo problemático lo constituye la cantidad de encuestados que respondieron tomar más de 10 cervezas en la oportunidad más reciente de consumo: 10% de los encuestados afirmaron haber ingerido en tales cantidades.

Los jóvenes están dispuestos a apoyar a un amigo que está bebiendo en exceso, pero no parecen inclinados a involucrar a adultos a menos que sea realmente indispensable.

Las razones para beber son las mismas en todos los sitios: celebrar, divertirse, pasarla bien con los amigos. Igualmente, las razones para no beber son las mismas en todas las localidades estudiadas: porque no le gusta o no le llama la atención, por temor a las consecuencias, a tener problemas en la casa o a volverse alcohólico.

El consumo de alcohol en fiestas caseras, así como la tolerancia de los padres y familiares con el consumo, pueden predecir el incremento del consumo de alcohol en la edad adulta. Algo más de la mitad de quienes consumen alcohol dicen hacerlo en compañía de sus padres u otros familiares; esto implica una muy baja influencia normativa de estas figuras sobre los jóvenes.

La facilidad para conseguir alcohol está probablemente relacionada con la falta de conciencia sobre los daños asociados al consumo en la infancia y la adolescencia, con tradiciones y costumbres como enviar a los menores a comprar alcohol para los padres, y con la ausencia de autoridades interviniendo. Eso puede explicar que la ciudad en donde es menos fácil conseguir alcohol para un adolescente sea Bogotá. Por el contrario, sería urgente iniciar acciones en ciudades como Medellín y Tunja.

El lugar preferencial para conseguir alcohol cuando se es menor de 18 años, en todos los sitios estudiados, son las tiendas, seguidas por las licorerías y los supermercados. Este dato debe convertir a estos comercios en objetivo primordial de prevención, en donde se capacite, se eduque y se intente convencer; pero si no hay reacciones adecuadas e inmediatas, se debe sancionar. El objetivo preciso del trabajo preventivo debe ser modificar radicalmente las estadísticas referentes a la facilidad que tienen los menores de 18 años para comprar alcohol: hoy 75% consideran que es muy fácil o fácil; a partir de este estudio se propone como meta que solamente el 10% o menos lo consideren así en un plazo no mayor de 3 años.

Las respuestas a las preguntas sobre consumo en fiestas familiares, a consumo delante de los padres o con ellos y familiares, a la asistencia a fiestas donde se da alcohol a menores, implican la necesidad de desarrollar una estrategia de trabajo con los padres de familia: en las circunstancias actuales ellos están siendo en buena parte responsables, por acción o por omisión, de las tasas excesivas de consumo de alcohol en menores que se presentaron aquí.

El 45% de quienes toman dicen que cuando lo hacen se emborrachan o se «entonan», concepto que significa estar 2/3 ebrio. Estas cifras no pueden pasar desapercibidas para las entidades responsables de formular políticas públicas o de educar a los jóvenes.

Cifras como un 9% de jóvenes que ha tomado alcohol antes de entrar al colegio, 15% que ha tomado alcohol dentro del colegio y 8% que han tomado varios días seguidos, o un 12% de los varones que tuvo una pelea estando con tragos, llevan a pensar en qué le espera a nuestro país si no hacemos nada, si nos limitamos a mirar lo que ocurre como si fuera el problema de otros, o como si tales conductas no tuvieran ninguna implicación sobre el futuro colectivo.

El análisis de correspondencias múltiples mostró que es posible asociar una serie de características, comportamientos, experiencias y actitudes al hecho de tomar o no tomar alcohol. Estas caracterizaciones, que generan unos «perfiles» asociados al consumo, pueden servir para diseñar estrategias de prevención y de manejo de las situaciones que incrementan las probabilidades de alto consumo de alcohol en los menores de 18 años.

Hay dos limitaciones que deberán ser corregidas en un estudio futuro con este formato: primero, convendrá preguntar a qué edad ocurrió el primer episodio de embriaguez; y segundo, sería útil incluir un ítem sobre consumo de alcohol solo en ocasiones especiales.