CONSUMO DE ALCOHOL EN MENORES DE 18 AÑOS EN COLOMBIA
Estudio en siete capitales y dos municipios pequeños
Augusto Pérez Gómez, Ph. D. y Orlando Scoppetta Diaz-Granados, M. Sc.
Bogotá, 2009
Algunas consecuencias del consumo de alcohol en menores de 18 años

Teniendo en cuenta las leyes y normas existentes en nuestro país (Anexo 2) es importante saber que tanto el diseño como la aplicación de estas frente al tema del alcohol en menores de edad, tiene una lógica de fondo: el enorme daño que produce en los jóvenes a nivel de salud como producto de su abuso, y todas las implicaciones sociales y económicas no sólo para el individuo mismo sino para el país en general. Por ejemplo Brailowsky (1995), Escohotado (1995), Pérez (2004), entre otros, aseguran que el consumo de alcohol en menores de edad puede afectar las siguientes áreas de funcionamiento:

 

A. Consecuencias en la salud

Las consecuencias del abuso de alcohol sobre la salud son muy variadas y sus efectos negativos sobre órganos y sistemas ocurren de manera progresiva y pueden llegar a ser irreversibles.

 

El cerebro

Quizá una de las consecuencias más graves que trae el consumo de alcohol es el compromiso de varias áreas y funciones del cerebro, lo cual hace que el desempeño a nivel intelectual no sea el más adecuado.

Se ha comprobado en algunos estudios, que ciertas regiones del cerebro como la corteza prefrontal (encargada de la toma de decisiones, planeación, raciocinio, solución de problemas y control de impulsos), junto con el hipocampo (responsable parcialmente del aprendizaje, la memoria y ciertos procesos de abstracción) se muestran fuertemente afectados con el consumo frecuente de alcohol en adolescentes; la razón es que el cerebro solo alcanza su máximo desarrollo hasta los 21 años de edad; el beber alcohol antes de esa edad afecta el progreso madurativo del cerebro en el niño trayendo como consecuencia dificultades a nivel cognoscitivo. (Society for Neuroscience, 2002). Un ejemplo de ello, es la investigación realizada por la universidad de San Diego en California donde se compararon los cerebros de dos jóvenes de 15 años de edad; uno de ellos era un fuerte consumidor de alcohol y el otro era simplemente abstemio; se observó una clara diferencia entre ellos: el joven abstemio presentaba indicaciones de elevada actividad en algunas áreas cerebrales responsables de ciertos procesos cognoscitivos importantes, mientras que el joven consumidor mostraba una actividad mucho menor en esas mismas áreas, lo que reflejaba un cerebro de funcionamiento inapropiado, sobre todo en tareas de memoria. Los estudios de la Universidad de Duke (White y Swartzwelder, 2006) y de la Universidad de San Diego (Brown y Tapert, 2008) muestran de forma contundente que en los adultos jóvenes que como adolescentes fueron consumidores frecuentes de alcohol hay un desempeño pobre en pruebas de memoria verbal y no verbal, dificultades para focalizar la atención y en el manejo de abstracciones espaciales, como la lectura de mapas.

 

Otros órganos y sistemas

Además del cerebro, otros órganos y sistemas se ven altamente comprometidos con la ingesta crónica de alcohol 1; uno de ellos es el sistema autoinmune, en donde el alcohol aparentemente predispone o incrementa la severidad y aparición de un gran número de infecciones por la dificultad que tienen las células blancas de combatir bacterias. Las enfermedades más frecuentes están relacionadas con infecciones respiratorias y con la incapacidad de coagulación de la sangre.

Los sistemas cardiovascular y digestivo también se ven altamente implicados en este proceso pues la ingestión crónica de alcohol, además de subir la presión sanguínea, conlleva a alteraciones en el ritmo cardíaco y problemas de dilatación y pérdida de la fuerza de contracción del corazón.

En cuanto al hígado las consecuencias son igual de desfavorables, pues este órgano es el encargado del procesamiento metabólico del alcohol. La incapacidad de absorción de nutrientes en el intestino delgado, puede causar problemas de salud en los huesos y en el sistema endocrino. Según el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA, 2000), una de las principales causas de trastornos y muertes en los Estados Unidos es por enfermedades hepáticas.

En los riñones el consumo de alcohol afecta el balance de iones y agua que necesita el cuerpo para regular su metabolismo, afectando de esta manera el desarrollo normal del joven; los problemas de sobrepeso son más comunes ya que los adolescentes que beben tienen más probabilidades de engordar o padecer problemas de salud. La Universidad de Washington reveló en una de sus investigaciones que las personas que consumían normalmente cinco o más bebidas alcohólicas una detrás de la otra desde los 13 años eran más propensas al sobrepeso o a la hipertensión a la edad de 24 años que aquellas que no bebían alcohol.

Las repercusiones sobre la salud como consecuencia del consumo de alcohol también pueden ser vistas en términos de salud mental; por ejemplo las niñas entre 12 y 16 años de edad que beben alcohol actualmente tienen cuatro veces más probabilidades de sufrir depresión que las niñas de la misma edad que no beben (Hanna, Hsaio-Ye y Dufour, 2000); esto puede exacerbar o desencadenar otro tipo de trastornos psicológicos en el adolescente, como conductas oposicionistas y desafiantes, agresividad, dificultades de aprendizaje y consumo de otras sustancias psicoactivas.

B. Consecuencias académicas

A partir de las implicaciones que tiene el consumo de alcohol sobre el funcionamiento cerebral, el bajo rendimiento académico puede ser una consecuencia significativa en los jóvenes; lo que ocurre usualmente es que el aprendizaje se vuelve mucho más lento para ellos por comparación con el de otros niños. De la misma manera los procesos atencionales, de memoria y pensamiento se ven involucrados negativamente. Una prueba de ello son las investigaciones realizadas por Brown, Tapert, Granholm et al. (2000), las que indican que los adolescentes que abusan del alcohol recuerdan un 10 por ciento menos de lo que aprendieron en comparación con los adolescentes que no toman.

Es importante resaltar otro aspecto que se encuentra inmerso dentro de esta problemática, cual es el ausentismo y la deserción escolar. Hay estudios que muestran que los estudiantes de la escuela secundaria que usan alcohol u otras drogas tienen cinco veces más probabilidad de abandonar la escuela que los estudiantes no consumidores de alcohol (NCASACU, 2001).

 

C. Conductas de riesgo como consecuencias del consumo de alcohol

Uno de los aspectos que más se destaca en la adolescencia es el sentimiento de invulnerabilidad con relación a situaciones de peligro que podrían ocurrirles en determinado momento; frecuentemente los estudiantes que beben grandes cantidades de alcohol, comparados con los que no beben, exhiben más conductas de riesgo para sí mismos y para los demás (Hingson, Heeren y Winter 2006). A esto se añade el que, en general, las medidas de protección a los adolescentes son mínimas, sobre todo en lo que se refiere al ejercicio de su sexualidad, lo que se refleja en el número creciente de embarazos no deseados y de casos de infecciones de transmisión sexual.

En un estudio realizado por IREFREA (2008) se observó que más de 1.300 jóvenes de nueve países europeos (incluida España) y con edades comprendidas entre 16 y 35 años reconocían que el consumo de alcohol y determinadas drogas los llevaban a «alterar sus decisiones» y a mantener relaciones sexuales «de las cuales luego se arrepentían»; aquellos que eran consumidores habituales de cocaína presentaban cinco veces más probabilidades de haber tenido cinco o más parejas sexuales en los últimos doce meses o de «pagar para tener sexo», por lo que el riesgo de ejercer la sexualidad de forma irresponsable se incrementa conforme se exploran otras sustancias.

Otro problema asociado a esta problemática es el suicidio. En el año 2000, jóvenes de 12 a 17 años de edad que dijeron haber bebido alcohol en el último año presentaron el doble de probabilidad de estar en riesgo de suicidio (19.6 %) que aquellos que no habían bebido durante este periodo (8.6 %) (NHSDA, 2002); esto parece ser bastante consistente si se tienen en cuenta las alteraciones que produce el alcohol sobre el funcionamiento de ciertos procesos superiores como la toma de decisiones, la solución de problemas y el control de impulsos propios de una persona con este tipo de ideación y de consumo exagerado de alcohol.

Una tercera conducta de riesgo son los accidentes vehiculares. La National Highway Safety Traffic Association (NHSTA, 2007), aseguró en uno de sus reportes que de todos los niños menores de 14 años de edad involucrados en accidentes automovilísticos en Estados Unidos en el año 2006 el 23% murieron por causa de accidentes relacionados con el uso de alcohol.

En Colombia, los accidentes vehiculares no son ocasionados únicamente por quien conduce, sino también por la irresponsabilidad de algunas personas que no cumplen las normas peatonales; en este caso el joven que se encuentra en estado de embriaguez puede ser candidato perfecto para ser arrollado por algún vehículo de transporte público (cuyos conductores tienen una temible reputación). En el año 2005 murieron 989 jóvenes entre los 13 y 24 años en accidentes de tránsito y otros 8.396 resultaron heridos. Del total de muertos 346 eran pasajeros, 279 motociclistas, 197 peatones, 96 ciclistas, 64 conductores (de 7 no se tiene información).

A continuación se presentan algunos datos provenientes de un estudio realizado en marzo del año 2006 por el Fondo de Prevención Vial y en el que participaron 500 jóvenes entre los 13 y 24 años de edad, tanto de colegios como de universidades (51% eran hombres y el 49% eran mujeres)

  1. La edad de inicio de consumo de alcohol es alrededor de los 13 años
  2. El 48% de los jóvenes encuestados saben manejar vehículo, pero tan sólo el 25% tomó un curso de conducción en una escuela; el 70% aprendieron porque les enseñó un familiar o amigo
  3. El 57% de los jóvenes se subiría al carro de un amigo / novio que maneje con tragos
  4. El 47% de los jóvenes considera que se exagera cuando se dice que después de tomar un trago no se debe manejar
  5. El 46% señala que para ocasionar un accidente grave de tránsito después de ingerir licor se necesita haber tomado mucho
  6. El 24% de ellos piensa que si la persona maneja bien no importa que consuma unos pocos tragos

 

D. Consecuencias sociales

Tal vez las consecuencias sociales más importantes en jóvenes consumidores, es que tienen mayores probabilidades que los demás de participar o ser víctimas de crímenes violentos como abuso sexual, asalto agravado, robos en estado de embriaguez. Según Pérez (2007), el rechazo y el aislamiento que se le hace al consumidor (señalamiento negativo por parte de la familia y la sociedad, desconfianza, agresiones con alto nivel de conflicto y hostilidad), son las principales características del consumo de alcohol y otras drogas. Esto, en últimas, destaca la existencia de consecuencias negativas no sólo para el mismo adolescente y su familia sino para la sociedad en general.