CONSUMO DE ALCOHOL EN MENORES DE 18 AÑOS EN COLOMBIA
Estudio en siete capitales y dos municipios pequeños
Augusto Pérez Gómez, Ph. D. y Orlando Scoppetta Diaz-Granados, M. Sc.
Bogotá, 2009
Adolescencia y consumo de alcohol

Uno de los períodos más importantes dentro del ciclo vital del ser humano y que determina en gran parte la identidad sexual del individuo, las bases morales, la personalidad y el estilo de pensamiento, es la etapa de la adolescencia. Este es un momento de transición entre la niñez y la edad adulta que va desde los 11 a los 19 años de edad, aproximadamente. Durante este período los jóvenes entran en un proceso de cambios biológicos y psicológicos importantes que explican gran parte de su repertorio cognitivo y conductual considerado muchas veces por los adultos como incipiente y desafiante.

El consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas (SPA) en los adolescentes es motivo de constantes preocupaciones en la sociedad actual, pues es precisamente en este momento de la vida cuando las continuas presiones del medio junto con las crisis «psicológicas» propias de la edad, hacen del joven un ser expuesto y vulnerable. Esta preocupación se incrementa al constatar que el alcohol es la puerta de entrada para iniciar el consumo de otras SPA, especialmente –-en el caso de Colombia-- marihuana y cocaína, entre los 18 y los 24 años de edad. (Kandel, 1975; Kosterman y cols., 2000; Pérez Gómez, 2007)

En nuestro país, como en muchos otros del mundo occidental, el disfrute del ocio y de las relaciones sociales suele estar asociado con el uso de sustancias psicoactivas (Espada et al., 2003) lo que hace que el consumo de alcohol ocurra por lo general los fines de semanas en contextos de recreación y esparcimiento.

Los datos arrojados por la Encuesta Domiciliaria sobre Consumo de Drogas en España (2001) mostraron que una de expresiones del consumo abusivo de alcohol es el fenómeno llamado «el botellón», consistente en que muchos jóvenes se reúnen los fines de semana en espacios abiertos con el objetivo de embriagarse por ingesta de una mezcla de varios alcoholes de bajo precio y por ende de muy baja calidad (Rodríguez, Agulló y Agulló, 2003).

En Colombia este tipo de cultura recreativa puede apreciarse en ciertas zonas de las ciudades grandes donde los jóvenes se congregan de forma masiva en parques, plazoletas, espacios cercanos a algunas universidades en las que hay un número considerable de bares, discotecas y sitios de venta. La falta de control por parte de los agentes policiales, el incumplimiento de las normas legales frente al expendio y la venta de alcohol a menores de edad, o en los alrededores de entidades educativas, hacen que tanto en España como en Colombia, y seguramente en otros países de Latinoamérica, el consumo de alcohol entre los jóvenes sea muy fácil y que tienda a incrementarse.

Este aumento en el abuso del alcohol y otras drogas en determinados contextos se ve influido por un aumento importante en la oferta que hace la industria para el tiempo libre a los jóvenes como la ampliación horaria, el número de locales, las actividades relacionadas con consumo de alcohol donde la música también marca un aspecto importante en los jóvenes de hoy en día (Calafat, 1999). Sin embargo, estas no son las únicas razones por las cuales un menor de edad puede iniciar el consumo; además de la generalización y normalización como una característica propia de nuestra cultura, hay otros factores que lo disparan como las actitudes favorables hacia el consumo, una baja percepción de riesgo, influencias normativas inadecuadas y representaciones sociales o creencias positivas frente al consumo de alcohol (Hawkins, Catalano y Miller, 1992; Moncada, 1997; Becoña, 1999; Martínez, 2006). Estos cuatro aspectos en última instancia predicen la intención de consumo en el adolescente y serán revisadas más adelante.